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Hecho en España y con amor. Así se hizo el cojín elefante.

Esta semana hemos presentado nuestro cojín elefante, queremos que lo conozcas un poco más, y por eso te voy a contar todo el proceso, cómo nació nuestro gordito, por cuantas manos ha pasado y como ha sido su viaje hasta llegar a las tuyas ¿me acompañas?

Erizo necesitaba un compañero

Pues sí… Nuestro cojín erizo se sentía solo. Estábamos notando cierta tendencia a la melancolía, incluso apreciábamos como en las últimas semanas consumía azúcar de manera compulsiva, estaba claro, erizo necesitaba un amigo.

Primeros bocetos

Sin dudarlo un momento, me puse manos a la obra. No sabía muy bien qué iba a hacer así que me dejé llevar y dibujé estos animalitos. He de decir que cuando hago bocetos no hay un plan trazado, a estas alturas de la película aún no sabía que iba a hacer un elefante.

En esta hoja y en la que hay detrás que no se ve, había muchas ideas que me gustaban. Las dejé reposar unos días, para ver qué pasaba…

Bocetando al elefantito

Así fué como una tarde sentí que me apetecía trabajar más al elefante. Le di una vuelta por aquí, otra por allá y así nació el primer diseño y también el elefantito albino.

Pruebas de color

Después vinieron las pruebas de color. Amarillo, verde, rosa, gris… fué complicado porque a este elefante todos los colores le quedan bien! Erizo me ayudó y entre los dos elegimos el color gris.

Haciendo las primeras pruebas del cojín

El diseño estaba listo, nos encantaba el elefante y ya estábamos preparadas para empezar a hacer puebas para crear nuestro cojín. Nuestra costurera Laura nos preparó el primer prototipo que era muy mono pero tenía un problema de equilibrio ¡no se sujetaba de pié! Muchas de nuestras seguidoras en Instagram (Hola!!!) nos dijeron que aunque no se sujetara en pié el elefante era divino pero no, un cojín ha de sujetarse, así que seguí dando vueltas al prototipo…

Ahora sí!

Un par de vueltas más y encontré la solución. Poniendo el culo más gordito, cambiando la postura y compensando con un “LOVE” que nunca está de más (porque el amor nunca está de más) conseguí que el cojín tuviera la forma perfecta.

Compramos tela de la mejor calidad, que resiste trote y lavados sin desgastarse, la cortamos y la llevamos a serigrafiar a nuestro taller de confianza. Después llevamos las telas impresas a Laura, nuestra costurera amorosa, que cosió los cojines con mucho cariño y por fin, después de mucho tiempo de trabajo y cariñito tuvimos a nuestro pequeño terminado.

Sólo faltarba ponerlo guapo, lo llevamos al fotógrafo y le hizo esta sesión ¡Mirad que reguapo está!

Y así quedó nuestro pequeño. Ah… y una cosita más, erizo ya no está solo 😉

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