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Una historia capilar, sobre los complejos y lo fácil y lo difícil que es aceptarse a una misma.

El post de hoy es un tanto off-topic. Puede parecer que no tiene mucho que ver con la motivación, con emprender, con perseguir tus sueños, con las cosas que os suelo contar aquí. Vamos a ver donde nos lleva esta historia, es una historia real, la mía y la de mi relación de amor-odio con mi pelo.

Siempre he tenido mucho pelo, pero mucho, mucho, mucho pelo y un pelo un tanto peculiar, grueso, a medio rizar, a medio cocer y con tendencia a crecer hacia arriba hasta que la fuerza de la gravedad lo hace caer flotando hacia adelante. No hay dos días que tenga el pelo igual ni se puede contar con él. Un día puedo tener una ocasión especial y el pelo declararse en huelga, y no hay nada que hacer, y otro día puedo estar en casa, con la peor pinta y un peinado divino, así porque sí. Mi pelo es como una planta que llevo pegada a la cabeza, que tiene vida propia y contra la que me he cansado de luchar, ahora lo dejo hacer, yo no me meto en su vida y él no se mete en la mía.

Cuando era pequeña las guapas de la clase tenían un pelo bonito y a veces se hacían colas de caballo. Yo también quería ser de las guapas, tener el pelo largo y suave, pelo de tonadillera, de Isabel Pantoja (que en aquella época no tenía tan mala fama) pero nada, como mucho tenía pelo de Tina Turner en “Simply the best”, un pelo corto y crespo, y eso no vendía. He de aceptarlo, por el pelo y por un par de factores más, cuando era pequeña era una niña más bien del montón, del montón tirando para abajo. Para terminar de arreglarlo, los niños (qué monos son los niños y que cabroncetes) me llamaban “Electroduende”. En fin… Esa era yo de pequeña, un calamarcillo flotando en el mar de la niñez.

En la adolescencia la cosa no mejoró. Me echaba de todo en el pelo para luchar contra el volumen. Cada vez que en un anuncio de la tele decía “El champú que te da volumen extra” yo me lo apuntaba para no comprarlo. Me ponía mascarillas y potingues, mucha espuma, cualquier cosa que aplacara un poco a la bestia, vamos que iba hecha un cuadro, con el pelo pegado como Lionel Richie. Como ya tenía más que asumido que no era de las guapas, tenía al menos que ser lista o graciosa, y me dediqué a cultivar el ingenio y el sentido del humor.

Llevé el pelo largo de los 20 a los 25. Del calor que daba ni os cuento, y no nos engañemos, ese montón de pelo no quedaba bonito en formato melena, en aquella época era Lolita (Flores). Peinarlo era una pesadilla, me metía en la ducha, ponía medio kilo de mascarilla y a darle al peine hasta que la cosa quedaba desmadejada y lista para volverse a enredar al menor movimiento. Estaba tan cansada de tanto pelo que un día me encerré en el cuarto de baño con una tijera, me corté la coleta como los toreros, y desde entonces he llevado el pelo corto.

Mis primeros cortes eran muy cortos, así, y con mucho potingue, la cosa quedaba pegada y yo ocultaba el volumen y la forma natural de mi pelo. El efecto era un poco pelo de clip de famobil. También me ponía pañuelos y bandadas, cualquier cosa que no mostrara el helecho que llevaba por tocado.

Cumplir años tiene muchas cosas buenas, una de ellas es que el pelo pierde cantidad y fuerza, a mi me vino de perlas, porque a partir de los 30 pude llevar cortes un poquito más largos, bien peinados y con mucho potingue, eso sí, como siempre.

Tenía unos 35 el día que estaba en el gimnasio, recién salida de la ducha y delante del espejo para secarme el pelo, ponerme mi medio kilo de potingue y salir para casa. No sé qué se me pasó por la cabeza, realmente no lo pensé, el caso es que agité la cabeza, la puse boca abajo, y por primera vez en lugar de luchar en contra la naturaleza me puse a su favor. Puse el secador en modo difusor y me sequé el pelo dando todo el volumen que podía. Cuando terminé y vi el resultado en el espejo me di cuenta de dos cosas, una de que ya no era Lionel Richie, ni Lolita, un clip de famóbil, ni Tina Turner ni un Electroduende, y otra era que… joder, esa persona que me miraba desde el espejo ¡me gustaba!

Salí del armario cual persona que se ha cansado de esconderse, vale, mundo, tengo un pelo muy raro, tengo un montón de volumen y tengo más pelo del que puedo gestionar pero esto es lo que hay, yo soy así y a partir de ahora al que no le guste, que no mire. ¿Sabéis lo que pasó?

Pasó que me pinté los labios de rojo y decidí dejar de esconderme detrás de un bote de gomina y mostrarme como soy, y pasó que me he preguntado mil veces por qué no lo hice antes. Ahora no cambiaría este pelo mío por nada del mundo.

Dar ese paso me ayudó a crecer, a aceptarme tal y como soy, ahora incluso he dejado de pensar que no soy de las guapas ¿por qué no voy a serlo? Ser guapa no es tener unas medidas perfectas ni tener pelo pantene y piel de porcelana. Eso es estar dentro de los estándares marcados por las convenciones sociales, y está muy bien, pero es pura convención.

Ser guapa es ir con tu verdad por delante, es enfrentarte a tus miedos, es ser honesta, ser amorosa con las personas que encuentres en tu camino, atreverte a decir “no” cuando toca… La belleza irradia desde dentro, se transmite por fuera y da paz. Ahora no me permito a mi misma decirme que no soy bella, lo soy al igual que tú. Estamos de moda, ¡nena!

Por eso he compartido esta historia capilar contigo y ahora que la he terminado y la leo del tirón, puede que sí tenga que ver con perseguir tus sueños. La moraleja, que yo soy muy de moralejas es la siguiente: acéptate tal y como eres, no pierdas tu tiempo y tu energía en intentar ser de otra manera. Tus diferencias no te hace peor, todo lo contrario, te hacen especial y hasta más fuerte.

Hasta aquí mi post de hoy. Si te ha gustado, mi pelo y yo seremos muy felices. Si te apetece comentar nos encantará leer tu historia, si te ha pasado algo parecido, si tienes ganas de salir del armario…

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Hasta la próxima, ladies.

  • Nuria Krykorka
    4 abril 2016

    Genial el post! Aceptarse a una misma es complicado, pero siempre acabas ganando en autoestima! Y a mi personalmente me encanta tu pelo. Desprende mucha personalidad.

  • María Espí
    4 abril 2016

    Que vivan los rizos!! He basado mi personal branding en mis rizos y mis gafas del 1,2, 3. Me encanta… Y les encanta!

  • Eva J
    4 abril 2016

    Me ha encantado tu historia Charuca! Y a mí que me encanta tu pelo! Yo también lo tengo rizado, yo siempre he querido tener flequillo, de esos espesos y lisos, peto cuando voy a la pelu y me lo alisan no me gusta, parezco mayor de lo que soy. Así que yo siempre he llevado el pelo rizado y ahora que se llevan los flequillos rizados creo que me voy a apuntar a esa moda! Jejeje… Por otro lado, en esto del estilo veo una segunda lectura para mí, ahora que estoy haciendo mis pinitos como ilustradora, veo que no soy como lo que veo por ahí, mi estilo no es minimalista, ni uso acuarelas, ni me sale un paleta de color pastel, lo mío son los colorinchis, con siluetas marcadas y he decidido que no voy a intentar parecerme otros o a lo que se lleva ahora, haré lo que me salga y ya está aunque no esté de moda 🙂

    • 5 abril 2016

      Claro… esto es aplicable absolutamente a todo, lo más importante es que lo que hagamos y lo que seamos sea verdad, si es verdad es bueno. Mucha suerte, guapa :*

  • Nuria
    4 abril 2016

    Yo dejé de luchar contra mis rizos a los 18, por eso de tener el pelo como las chicas cuquis de clase, ¡y fue lo mejor que pude hacer en la vida!

  • yeis.figuera@gmail.com
    4 abril 2016

    Si que estoy agradecida con la vida por ponerlos a ti, a tus creaciones y a tus hermosos post en mi camino, como me llenan tus palabras siempre y llegan como mandadas en los momentos que más las necesito. Me identifico al 100% y aunque yo aun no acabo de aceptarme al 100%, estoy en el proceso, y en efecto he notado como poco a poco se va liberando uno de todas esas malas vibras y complejos que nos creamos por el simple hecho de no saber cómo ser nosotros mismos sin el temor constante de no ser aceptados por los demás o el qué dirán. Me llena de esperanza leerte pues significa que pasa, que si se puede lograr eso de aceptarse y quererse uno mismo como es y llegar a disfrutarlo.
    Mil gracias por compartirnos tus experiencias, un fuerte abrazo desde Venezuela.

    • 5 abril 2016

      Claro que puede llegar, y lo mejor es que verás que nadie te rechaza por ser tú mismo, sino todo lo contrario. Mil gracias por leer, bonita.

  • belen@abpersonalassistant.com
    4 abril 2016

    Me ha encantado tu post!!!. Yo dejé que mis rizos tuvieran vida propia a los 16. Mi primera superación, con el paso del tiempo he aprendido a quererme y aceptarme. Gracias por compartir tus experiencias. Me gusta mucho tu pelo y yo también soy de labios rojos.

    • 5 abril 2016

      Guau pero tú eres una adelantada! A los 16 ya aprendiste a aceptarte, enhorabuena por eso y mil gracias por leer :*

  • Vicky Fernández
    4 abril 2016

    Que lindo post! mi pelo no ha sido el problema pero sí los kilos de mas durante años, de los 17 hasta pasados los 30 mi vida fue una dieta, hay quienes comen y no engordan y hay quienes para ser flaco se tienen que coser la boca, yo era una de ellas, los años de mi vida en los que fuí mas delgada directamente vivía a lechuga, era feliz? No, dejé de ser yo misma, viví con un hombre que solo me decía que era linda cuando estaba flaca hasta que un día me separé de él (no por esa razon pero nos separamos) y me dí cuenta que la felicidad y que me aceptaran pasaba por lo que yo era y valía. Y acá estoy, disfruto de comer, cocinar, de una reunión, de ser yo misma, de dejar de pensar en que si no soy delgada no me aceptaran, hoy tengo a alguien al lado que me elige con mis kilos y sobre todo soy feliz y plena, en mi trabajo, mis proyectos y rodeada de familia y amistades de corazon que quieren a la Vicky real.
    Besote!

    • 5 abril 2016

      Uy… tengo para otro post sobre las dietas y la tiranía de las modas. Te entiendo muy bien. Yo creo que comiendo sano y olvidándonos de la ansiedad de la dieta (que da hambre, y mucha), el cuerpo pasa a su estado natural, y que todos los cuerpos en su estado natural son bonitos, los más curvos, los rectos, los altos y los bajos. Bravo por esa Vicky real <3

  • Irene Gutiérrez
    5 abril 2016

    La primera vez que vi tu pelo en una imagen de tu facebook, recuerdo que pensé que me gustaba mucho, que tenía mucha personalidad (el pelo y tú) y que me gustaría llevarlo igual, y es que yo, todavía, no he salido del armario. Tengo una cantidad inmensa de pelo, grueso, y rebelde. Cada vez que voy a la pelu me dicen que podría ser donante. Mi cabello también es muy raro, caprichoso y con un un montón de volumen: yo en cambio no soy de gominas ni espumas, pero también he probado muchíiiisimos champús y mascarillas. La gente me dice que cómo salgo con esos pelos. Pero creo que estoy a punto de salir de mi armario, todo es actitud…de momento ya estoy usando una barra de labios más llamativa…

    • 5 abril 2016

      A mi también me dicen que podría ser donante de pelo, o que me tendrían que cobrar por dos :DDD Bienvenida al club de las cabecitas locas. Alguien me dijo que tener tanto pelo es señal de que tenemos mucha energía. Seguro que ya estás divina, lo lleves como lo lleves :*

  • Marisa Magenta
    12 abril 2016

    Bueno, bueno…. La rebeldía de los pelos y las historias sin fin. Creo que no conozco s nadie que adore su pelo. A mí me pasó más o menos igual. Nunca me ha dado miedo experimentar con mi pelo, he llevado muchos cortes, muchas mechas y muchos colores.
    Me emperré en la adolescencia en dejar algunas tiras más largas. Y como mi pelo tampoco es rizado del todo, parecía una sepia. Las tiras al ser largas quedaban más lisas y la capa corta, parecía un champiñón.
    De ahí pasé al corte extremo, del de maquinilla, básicamente por la comodidad de no tener que peinar, con un poco de cera, listo!
    Luego llega ese momento en que quieres dejarlo largo, y el pelo (medio rizado, medio afro, medio todo) va a su aire, la nuca crece más rápida, los laterales van a otro ritmo, y el flequillo crece a la velocidad de la luz. Con lo que acabas llevando una cortina en los ojos.
    Finalmente crece, y crece mucho. Por mucha espuma, gomina y cera, si hay humedad, parecía la virgencita…. Y siempre con moños deshechos una no se ve mona… Solución: cortar por lo sano.
    Ahora llevo un corte bonito, al que le favorece esas puntas rebeldes, esos rizos a medio hacer, el que me apetece peinar, hacer una trencita, ponerme una diadema bonita… Si, no soy una fan de mi pelo, pero creo que en este momento, estamos empezando a cultivar una bonita amistad.

    • 13 abril 2016

      Muy buena tu historia capilar, Marisa 🙂 Mil gracias por leer y por contarnos tus fases ^^

  • ((Sil))
    12 abril 2016

    Me identifico muchísimo con tu historia! y creo después de los 30 es q uno cae en cuenta que aceptarse y ser feliz es de lo mejor! besos

  • Sara Herbera
    12 abril 2016

    Charuca! Yo que soy de pelo fino y poquete (pelo de ratilla le llamo yo), suspiro por un pelazo. Qué diréis lo que queráis las que tenéis mucho pelo y volumen, que es un trabajazo y bla, bla, bla. Pero la presencia y la personalidad que os da, eso no os lo quita nadie. A mí me encanta!! 🙂

    • 13 abril 2016

      Seguro que tu pelo fino también tiene sus ventajas. Todo es cuestión de sacarle partido a lo que tenemos ;DD

  • Elena Sánchez
    14 abril 2016

    Jolin… qué post más bonito!!
    Me encanta!!

    Lo importante que es aceptarse a uno mismo y amar lo que nos hace únicos, que a veces es lo que más odiamos, pero lo que más especiales nos hace…

    Ese cambio de auto-aceptarse es tan importante para todo!!
    Un diez a este post!

    Ah! y que me encanta tu pelo y toda tu 🙂

  • Montse Llamas
    16 abril 2016

    Me ha hecho muchísima gracia lo que cuentas en este post porque hace un tiempo que eres mi ídola capilar! 😀 ¿Te puedes creer que tengo guardadas fotos tuyas en el móvil para llevárselas a mi peluquera cuando me vaya a cortar?

    Tenemos un pelo parecido y desde la primera foto que vi de ti me quedé prendada del estilazo que le das. Qué bien que hayas salido del armario capilar! 🙂

    • 17 abril 2016

      Tu ídola capilar!? En serio! Pues si vives en Barcelona te paso el número de mi peluquera ^^. Nadie como ella para hacer este corte 😉

      • Montse Llamas
        17 abril 2016

        Ayyyy, ojalá! Estoy en el otro extremo, en Coruña, un lugar donde todas las peluqueras que conozco se empeñan en agarrar horribles tijeras de entresacar y secadores alisa flequillos 🙁

        Y en serio, sí! Desde el primer día que vi una foto tuya en el blog!

  • pakitina78@hotmail.com
    8 mayo 2016

    Me encanta¡¡¡¡ Yo era también un electroduende jejeje, y a mi me ha costado unos cuantos años mas salir del armario, pero como bien dices los años ayudan mucho. Melenas al aire y labios rojos hace los días mas amemos. Un besito bonica 🙂

  • esther
    2 mayo 2017

    No lo creerás …. pero la primera vez que vi una foto tuya…. pensé…. que estilazo tiene…. me encanta su corte de pelo!!!!
    Palabra que fue lo primero que pensé. A veces lo que a nosotras nos desagrada, gusta a los demás. Bien por ti y me apunto tu moraleja, tengo que ser valiente y ponerla en practica!!!!!

  • Carmen
    23 septiembre 2017

    Este post me ha venido al pelo (jajá)… A principios se año me sentía fatal conmigo misma (como siempre), y vi que a Ariana Grande le quedaba precioso el flequillo que se hizo. Y qué hice yo? Hacérmelo también. Ha sido la peor decisión de mi vida. No me gustaba nada, y me pasé los últimos 5 meses entre peinados, trenzas, colas, pinzas, pasadas, laca y probándolo absolutamente todo para que no se me viera. Ayer por la mañana por fin me miré al espejo y dije “Ahora me gusto”. El flequillo me había crecido lo suficiente como para guardármelo detrás de las orejas y echarme el resto del pelo hacia alante. Me gustaba como me quedaba, y estaba súper feliz. Al llegar del instituto, mi madre me dijo que me había cogido cita en la peluquería para que me recortasen el flequillo y me lo pusiesen en pico, en vez de recto. Llegué con un ataque de ansiedad a mi casa. Me veía horrible y horrenda otra vez, y ya no me podía recoger el pelo detrás de las orejas. Vuelta a las pinzas, las pasadas y las lloreras por la tarde. Parecía que hubiésemos vuelto unos meses atrás y no me hubiese crecido nada el flequillo. Empecé a pegarle a las cosas y a chillar, a tirarme de los pelos, mi hermano me tuvo que inmovilizar, mi madre diciéndome que ya no tenía solución. Pff, sólo de recordarlo se me saltan las lágrimas. Total, lloré toda la tarde hasta que una amiga me llamó para que fuese a su casa, porque ella tenía horquillas y me podía hacer un arreglo. Me lo hizo, pero las horquillas no aguantaban. Pero por la noche salimos mi familia y yo porque celebrábamos el cumpleaños de mi madre. Me vestí, me maquillé y me miré al espejo. Y me dije “Pues tampoco estoy tan mal”… Sé que el pelo crece, pero he aguantado tantas cosas durante tanto tiempo, que es como volver a empezar. Y también sé que igual que ayer me veía bien, ahora me veo fatal, pero supongo que habrá que tirar palante. Sólo quería compartir mi historia, gracias <3

    • 23 septiembre 2017

      Gracias por contarnos tu historia capilar 😉

  • Luciana
    19 octubre 2017

    Lindaaaaa! Besos desde Brasil.

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